tema 4 II. HACIA LA MANIFESTACIO ESCRITA DE LA PALABRA DE DIOS

  1. II. HACIA LA MANIFESTACION ESCRITA DE LA PALABRA DE DIOS
    La Sagrada Escritura ha de entenderse como Revelación de Dios a los hombres, como unapalabra que Dios nos dirige. Esto es patrimonio de la fe cristiana. Sin embargo, la relación entreestas dos realidades, Sagrada Escritura, y revelación, no se ha expresado siempre de la misma manera.
  2. Prácticamente hasta finales del siglo XIX no se distinguía de modo expreso entre Revelación yla Escritura. Tras el Concilio Vaticano I, la teología desarrolló un modo particular de entender larelación entre ambas. Ante los ataques del racionalismo agnóstico, que negaba la revelaciónsobrenatural y que relegaba las narraciones de la Sagrada Escritura al orden de «fábulas omitos» (D 3034), el concilio hizo hincapié en la noción de «autoridad»: Dios era el autor de larevelación y, en consecuencia, el autor de la Sagrada Escritura: al inspirar a los hagiógrafosDios se convertía en «autor» de los libros sagrados. La revelación se entendió como una«locutio Dei ad homines» a los que Éste les revelaba los «decretos» de su voluntad (D 3004). LaSagrada Escritura era, por tanto, el libro de Dios. Para explicar estas nociones la teologíaposterior desarrolló el hecho de la inspiración de la Escritura como un conjunto de accionessobre el hagiógrafo que permitían afirmar que los libros sagrados eran palabra de Dios.
  3. Sin embargo, lo cierto es que en este escenario se podía confundir fácilmente palabra de Dioscon palabras de Dios. El Concilio Vaticano II, en un contexto no polémico, enfocó la cuestiónde una manera distinta. En primer lugar describió la revelación de una manera más dinámica: larevelación no se entiende como un conjunto de decretos de Dios, sino como el «misterio» del«acontecimiento» de Dios que se manifiesta a los hombres con «hechos y palabras» paraofrecerles la salvación. En consecuencia, también es distinta la concepción de la SagradaEscritura. La Sagrada Escritura no es tanto un acontecimiento de revelación como los textos queacompañan a la revelación –la testimonian, la explican– y la expresan por escrito en laIglesia. De este modo la Biblia no es sólo el libro de Dios, es también el libro de la Iglesia.
  4. Este planteamiento tiene consecuencias prácticamente en cada uno de los temas que componenla materia. Por ejemplo, intuitivamente, percibimos que lo central en la revelación no son laspalabras sino los hechos: la creación del pueblo, la encarnación del Verbo, la resurrección. Loslibros de la Escritura no son, pues, autónomos respecto de las acciones salvadoras de Dios –que son su referencia–, ni del contexto en el que se reciben y leen: el pueblo de Dios. En lossiguientes capítulos se intentará trazar con más precisión este doble marco: la revelación deDios con su estructura interna (caps. 4-5) y la Sagrada Escritura en este marco de la revelación(caps. 6-8).
    • A. REVELACION Y PALABRA DE DIOS
    • Antes de definir, o de determinar, qué es la Sagrada Escritura en la Iglesia, hay que precisar dosconceptos: Revelación y Palabra de Dios. La precisión es necesaria porque la Escritura contienela Revelación y es Revelación, y, en la Iglesia, la Escritura es también Palabra de Dios. Peroademás, Revelación y Palabra de Dios se utilizan a veces como sinónimos, pero no son dosconceptos coextensivos. Por ejemplo, no denominamos Palabra de Dios a la revelación en lanaturaleza o en la conciencia, sino sólo referimos la palabra de Dios a la revelación personal enla historia. Pero la palabra de Dios que se proclama en la Iglesia, y que es Palabra de Dios actual, no es la revelación de Dios en la historia, que ya se dio, sino la palabra que se hace presente.
  5. Todas estas nociones, en relación con la Escritura, son las que se van a tratar en los próximostres capítulos, para determinar lo que podríamos llamar la «economía» de la palabra de Dios;más en concreto, lo que nos interesa es el lugar de la Sagrada Escritura en esa economía. Paraello, tomaremos como concepto base la noción de Palabra de Dios. Trataremos así de la«Palabra de Dios en la historia de los hombres» (capítulo 4): sería como tratar del «lenguaje»elegido por Dios para la revelación; después abordaremos la «forma histórica que asume lapalabra de Dios», es decir, el «discurso» concreto que se enuncia con el lenguaje de larevelación, y que no es otro que la economía de la revelación que tiene su plenitud en Cristo(capítulo 5). Más tarde, en el siguiente apartado, se tratará del significado de la escritura en esediscurso, es decir, del «lugar que tiene la Escritura» en el proceso de la revelación cristiana.Entender la articulación de estas nociones –articulación que está sugerida en Dei Verbum– esprobablemente el mejor camino para discernir por qué la Sagrada Escritura es Palabra de Dios,pero no necesariamente «palabras de Dios».
    • 4. LA PALABRA DE DIOS EN LA HISTORIA
    • 1. LA PROFESION DEL SIMBOLO DE LA FE: «DIOS HABLÓ POR LOS PROFETAS»
  6. «Creo en el Espíritu Santo... que habló por los profetas». Ésta es la formulación de la profesión delfe que reza el Símbolo Niceno-Constantinopolitano (DS 42). En la frase hay dos notas importantes:que Dios habló, y que su palabra llegó mediada por la voz de los profetas.
  7. La primera expresión, Dios «habló», remite indudablemente a la noción de Palabra de Dios queacontece en la historia de los hombres. Pero, en el proceso de la revelación, la expresión tieneun referente ambiguo: ¿qué es la palabra de Dios? Los versículos iniciales de la Primera Cartade San Juan ofrecen una expresión sintética de tres estadios:
  8. «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida D pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestadoD , lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn 1,1-3).
  9. Los tres pasos que recorre la palabra de de Dios y que se apuntan aquí son: 1) el Verbo eternode Dios, 2) que se manifiesta en la historia de los hombres, y 3) se anuncia en la Iglesia. Siintentamos describir con más precisión las formas que tiene esta palabra, tendremos queafirmar, antes que nada, que palabra de Dios, en sentido propio, es el Verbo eterno de Dios, laúnica Palabra del Padre. Sin embargo, esta Palabra no es palabra de Dios en expresión humana,como tampoco lo es la palabra con la que Dios creó todas las cosas (Sal, 33,6; 148,5; etc.).
  10. En cambio, ya son palabra de Dios en expresión humana la palabra de la Ley (Ex 19,6 ss, porejemplo) y la palabra de los Profetas (cfr, por ejemplo, Is 1,2ss). Con Jesucristo, esa Palabra a laque la creación debe su existencia, y que se revistió de la palabra de la Ley y palabra profética,se encarna. Pero, Jesucristo, palabra de Dios encarnada, es algo más que un lugar en la sucesióde la palabra de Dios en forma humana. Él tiene la virtud de unificar la multiplicidad de los discursos anteriores:
  11. «En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien instituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo» (Hb 1,1-2).
  12. Tras la encarnación, la palabra de Dios se expresa en las palabras de Jesucristo cuando predicala palabra de Dios (Lc 5,1), y en la predicación apostólica que se presenta no como palabrahumana sino como palabra de Dios (1Ts 2,13). En el Nuevo Testamento se denomina tambiénPalabra de Dios a la palabra de la Escritura (Rm 9,6) y a la palabra de los pastores de la Iglesia(Hb 13,7).
  13. Pero Dios no deja de hablar con su palabra a la Iglesia. Es verdad que en la Iglesia nadie searroga el derecho de decir que sus palabras son palabra de Dios, sin embargo, Dios siguehablando a la Iglesia. Las Sagradas Escrituras son un medio del que se sirve la Palabra de Diospara hacerse palabra humana, pues «inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre,comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles» (Dei Verbum, n. 21).
  14. Al reflexionar sobre la Sagrada Escritura lo que nos interesa es precisamente este últimomomento: cómo las Escrituras son palabra de Dios en la Iglesia. Sin embargo, es claro que esoexige relacionar esta noción con las demás realidades a las que denominamos Palabra de Dios.¿Cuál es la articulación precisa de la Palabra de Dios en el mundo?, o, dicho de otro modo, ¿quérelación se establece en la revelación cristiana entre estos elementos que se denominan palabra de Dios?, ¿cómo se implican, o se incluyen, unos en otros?
  15. Para describir este desarrollo, la mejor falsilla puede ser la que se propone en la Constitución dogmática Dei Verbum, entre otras razones, porque es el punto de llegada de muchas reflexiones. Es lo que veremos en los siguientes capítulos.
    • 2. LA REVELACION DE DIOS MEDIANTE «HECHOS Y PALABRAS» INTRINSECAMENTE LIGADOS Y QUE SE ESCLARECEN ENTRE SÍ: LA PALABRA DE DIOS EN EL PROCESO DE COMUNICACION INTERPERSONAL.
    • La expresión Palabra de Dios no designa únicamente un discurso hablado, sino que se refieretambién a realidades: se puede afirmar que la palabra de Dios por excelencia en forma humanaes un gesto, el gesto de la Encarnación. Pero, ¿cuál es el referente último de esa palabramúltiple? No puede ser otra cosa que lo que Dios manifiesta de sí mismo, o lo que es lo mismo,la Revelación de Dios. Para abordar este aspecto, quizás la mejor falsilla pueda ser el primercapítulo de la Constitución Dei Verbum, dedicado a lo que denomina «la Revelación en símisma». En sus primeras frases describe el origen de la revelación, su objeto y el modo. Interesasobre todo este último aspecto, el modo de la revelación. El texto conciliar lo expresa así:
  16. «El plan («oeconomia») de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas («gestis verbisque intrinsece connexis»); las obras que Dios realiza en la historia de la salvación («historia salutis patrata») manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio» (Dei Verbum, n. 2).
  17. Esta descripción del cómo de la revelación coincide con la articulación presente en la SagradaEscritura. Remite también a los modos de expresión y comprensión de los hombres dondepalabras y acciones van unidas. Una conjunción de ambas perspectivas nos conduce a cinco puntos importantes:
  18. Un primer aspecto se refiere a lo que el texto denomina «oeconomia», es decir, a afirmar que larevelación responde a un «plan ordenado» de Dios que supone una relación entre las obras y laspalabras: no se dan separadas en la realidad y por tanto tampoco se dan separadas en larevelación. La expresión da a entender también que ni las palabras ni las acciones de larevelación son arbitrarias. Cada palabra y cada gesto de la revelación tienen un sentido que tocadescubrir, pero que no se puede interpretar ni aislada, ni arbitrariamente.
  19. Segunda cuestión: las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan –además de confirmarla– la doctrina y las realidades significadas. Con esto se afirma que lasobras son ya de por sí significativas. El contexto epistemológico primero en el que se puedeentender esta afirmación es la teoría de la acción tal como se ha desarrollado, por ejemplo, en lamoderna filosofía analítica. En lenguaje filosófico deberíamos llamar a las «obras de Dios»invocadas aquí «acciones intencionales». Con esto se quiere indicar que esas acciones no sonsimplemente «hechos brutos», sino que tienen un significado y por ellas se puede pedir unaresponsabilidad a quien las efectúa. La significación de estas acciones dependerá de diversosfactores –las circunstancias, los códigos empleados, etc.– que pueden organizarse en lo que sedenomina la red conceptual de la acción. Si examinamos desde este punto de vista las obras dela revelación, percibimos claramente la adecuación de este principio para entender más de unaspecto de la manifestación de Dios a los hombres. La intervención de Dios en el AntiguoTestamento –liberación de la esclavitud, protección del pueblo, etc.– tiene un sentido ya antesde que éste se haga explícito mediante las palabras. Del mismo modo, muchas acciones deCristo en el Nuevo Testamento –puede pensarse en lo que se denomina cristología implícita–también cabe entenderlas bajo este aspecto: así por ejemplo resulta muy difícil entender lacrucifixión de Jesús como el mero ajusticiamiento injusto de un rebelde. Ciertamente paraentenderla con claridad como sacrificio pascual es necesario que la palabra acompañe a loshechos, pero el hecho de por sí no está completamente indeterminado.
  20. Pero de las obras se dice también –y éste sería el tercer aspecto– que confirman la doctrina ylas realidades que las palabras significan. En este contexto, obras tiene un significado máspreciso, pues se refiere a las obras extraordinarias de Dios; al carácter de signo que tienen losmilagros, tanto en el Antiguo Testamento como en la vida de Cristo y de la comunidadapostólica –de hecho el Señor pide que se crea por sus obras: cfr Jn 10,38; 12,36–. Sinembargo, no hay que tener al milagro por una mera acción confirmante de la palabra yaenunciada. No debe olvidarse que los milagros (ôt) tienen el carácter de «maravilla»: no sólo esprodigio, es también signo, por tanto confirmación y revelación. Los milagros del Señor talcomo se exponen en el cuarto evangelio son el mejor ejemplo de esta actitud; pero del mismomodo pueden verse todos los signos que aparecen en la historia de la salvación.
  21. Pasamos ya al cuarto aspecto, que se refiere a las palabras: las palabras proclaman las obras yexplican su misterio. Aquí se mencionan dos funciones distintas de la palabra: la proclamación yla explicación. Siguiendo las reflexiones sobre el lenguaje en el último siglo, pueden extraerseconsecuencias útiles par ala comprensión de la revelación de Dios a los hombres.
  22. Las palabras son proclamación de las obras de Dios. En propiedad, al decir esto, el texto afirmaque la función de las palabras va más allá de la mera locución, del mero decir algo sobre algo.Las palabras son también expresión de quien las dice y son interpelación para quien las escucha.Esta descripción de las tres funciones del lenguaje –expresiva, representativa y apelativa– esimportante aquí y L. Alonso Schökel sacó de ella fecundas consecuencias para el estudio de laEscritura. Si se entienden las palabras de Dios en la revelación bajo este aspecto, la afirmación conciliar de que las palabras proclaman las obras, tiene un sentido más profundo: en virtud de lafunción apelativa del lenguaje, la palabra reveladora de Dios debe entenderse como interpelante.
  23. Pero, si decimos que las palabras son algo más que la dicción, hay otro punto que debe tomarse enconsideción: el que se deriva de ver un discurso como algo más que un acto de comunicación. Esteaspecto ha sido tratado por los filósofos del lenguaje ordinario, cuando examinan los actos de habla. Estos autores han recordado que todo acto de habla es, antes que nada, «un acto», una acción. Por tanto, hablar es actuar en un contexto determinado, comportarse de acuerdo con unas reglas. Según estas condiciones, al hablar hacemos cuando menos tres cosas: decimos algo, hacemos algo y conseguimos algo. Estas tres acciones se corresponden con las tres dimensiones del acto de habla: la dimensión locucionaria –o locutiva: decir algo, por ejemplo, pronunciar la palabra canalla–, que comporta una dimensión ilocucionaria –o ilocutiva: en determinadas condiciones, decir la palabra canalla es insultar al interlocutor– y que supone también una dimensión perlocucionacia–o perlocutiva: se refiere al resultado que se deriva de ese acto de habla–, y así insultar a alguienllamándole canalla supone normalmente el nacimiento de una enemistad entre hablante y oyente. Esta breve descripción de los actos de habla nos hace pensar enseguida en las funciones del dabar, de la palabra divina, tal como se expresa en los textos de la Sagrada Escritura. El dabar divino es más que la palabra de Dios enunciada. La palabra de Dios es dinámica, creadora, es un mandato, esuna instrucción, es eficaz siempre, y lo más importante, la palabra de Dios crea vínculos con aquél a quien se dirige, que queda así comprometido.
  24. Pero documento conciliar –quinto aspecto– apunta una última función de la palabra: las palabrasexplican el misterio de las obras. Aunque se anote en último lugar, esta propiedad de la palabra esquizás la más importante, es más, es su condición más específica. Más arriba se ha anotado queno puede hablarse de una radical ambigüedad de significado en los acontecimientos, pero unacierta ambigüedad no puede negarse. Además, el acontecimiento debe poder ser ensambladocon otros, en definitiva, todo acontecimiento, para ser comprendido, debe tener un significado,un sentido, y este sentido se expresa normalmente mediante el lenguaje verbal articulado. ¿Porqué es así? De manera inmediata, viene a la mente que el lenguaje verbal articulado es el queutilizamos en la comunicación y en la comprensión de hechos y verdades. Pero hay razones másprofundas que justifican esta intuición. En primer lugar, la capacidad de estructurar el mundo:las terapias con personas con deficiencias profundas en el lenguaje verbal muestran laincapacidad que tenían antes para comprender el mundo en el que vivían cuando no sabíannombrar las cosas. Pero la razón más profunda está probablemente en el dinamismo que tieneeste lenguaje. Las lenguas naturales, además de formar un sistema como todos los otroslenguajes, tienen la capacidad de poder sustituirlos. El lenguaje verbal puede ser empleado parahablar de las palabras mismas que lo constituyen, y, con más razón aún, puede hablar de losotros sistemas de signos; además puede producir frases que rechazan tanto la denotación comola connotación, por ejemplo, las mentiras; finalmente, puede utilizar las palabras en un sentidonuevo, que el receptor no conocía anteriormente, gracias al contexto, como ocurre, por ejemplo,en las metáforas. Estas características del lenguaje verbal se engloban en lo que se suele denominar secundariedad.
  25. Estas breves notas justifican de manera suficiente de la importancia que tiene el lenguaje de lapalabra verbal en la revelación. En efecto, las palabras de la revelación, por una parte, designanlas realidades, pero, por otra, las explican. Además las palabras, en cuanto tales, dicen relación aotras palabras, y a otras utilizaciones de esa palabra en el código. Con esto se afirma que laspalabras pueden darle un «plus» de significado al acontecimiento. Por ejemplo, el sentido de la palabra «Cristo» aplicado a Jesús en el Nuevo Testamento: no sólo remite a un sentido de«ungido de Dios» sino a la significación de esa palabra en el Antiguo Testamento, y a laplenitud que se le da en el Nuevo en función de la realidad de Jesús de Nazaret.
    • 3. LA PALABRA DE DIOS EN EXPRESION HUMANA.
    • Hasta ahora, sólo se ha considerado la acción de Dios, pero hemos pasado por alto, que lapalabra de Dios que se nos entendemos los hombres es la Palabra de Dios en expresión humana.Dios habla a los hombres. Pero este Dios amoroso y hablante que confesamos en la profesión defe cristiana nunca ha sido visto hablando. El Dios que hemos visto y oído los hombres ha sido elDios encarnado: igual en todo al los hombres. Cuánto más en el periodo de la Antigua Alianza.Si algo podemos decir del lenguaje de Dios es lo que Él mismo nos ha revelado. Y lo quetenemos revelado es que el lenguaje propio de Dios es el intratrinitario por el que el Padreengendra al Hijo, espira a través del Hijo al Espíritu Santo; el Hijo es engendrado por el Padre yespira con Él al Espíritu Santo y el Espíritu Santo es espirado por el Padre al través del Hijo. Poreso no sólo confesamos creer que Dios habló, sino «que habló por los profetas».
  26. Con esto se afirma una cosa más: Dios en su revelación no sólo habla el lenguaje de loshombres sino que habla a través de los hombres. La palabra de Dios siempre llega mediada: nosllega a través de la palabra de Moisés y de los profetas, y, en último caso, también eldestinatario de sus palabras −el pueblo de Israel, o la Iglesia− tiene algo que decir, pues laspalabras que se le dirigen son las palabras que pueden ser comprendidas por él. Lo mismoocurre en el Nuevo Testamento, donde las palabras del Verbo encarnado vienen mediadas por laHumanidad de Cristo, que fue un hebreo de su tiempo, y por los destinatarios de su enseñanza.Pero la obra total del Cristo, que incluye su resurrección, fue explicada y proclamada por lacomunidad apostólica. Por tanto, también la palabra de los apóstoles es mediación de la Palabrade Dios. J. Ratzinger lo expresó eficazmente hace muchos años:
  27. «Del concepto de —revelación“ forma siempre parte el sujeto receptor: donde nadie percibe la revelación, allí no se ha producido ninguna revelación, porque allí nada se ha desvelado. La misma idea de revelación implica un alguien que entre en su posesión»
  28. En el fondo, esta consideración nos lleva a algo más profundo y es que la revelación de Diosincluye también la respuesta del hombre que es mediador de esa revelación. Esto pone sobre eltapete un conjunto de cuestiones que pueden darnos luces en la comprensión de la SagradaEscritura en el marco de la revelación. En primer lugar, la revelación supone la participación delreceptor en el mensaje de la revelación: una participación que incluye, por una parte su fe, y porotra, sus cualidades personales. La palabra de Dios llevó el sello nacionalista de un profetacomo Nahúm, el aristocrático de Isaías, el patético de Jeremías o el poético de Oseas. Delmismo modo, la palabra de Dios se expresó en San Pablo de modo distinto a como la formulóSan Pedro. Pero siempre fue una misma palabra de Dios. Por eso, y por el tiempo y el lugar enel que se expresó, la palabra de Dios lleva el sello de la psicología de los hombres que la pronunciaron, de las formas conocidas por ellos y sus receptores, del ambiente –sobre todo, el marco de Israel y de la Iglesia– en que se pronunciaron, etc.
  29. Así, las cosas, si la palabra profética y la palabra apostólica tienen su origen en una experiencia,nos podríamos preguntar si lo que denominamos «palabra de Dios» de la revelación no es sinola palabra de profetas y apóstoles que experimentan una serie de acciones, y sus mismaspalabras, como acciones y palabra divinas. Esta experiencia no puede negarse –sería negar lohumano en la revelación y, a la postre, en la Encarnación–, pero lo que se confiesa en la fe cristiana es que detrás de esa experiencia hay una acción directa –no mediata– de Dios quehace que sus palabras profética sean «palabra de Dios». No son palabras humanas transidas delo divino, o asumidas después por Dios, sino que son palabras humanas que en el momento deserlo fueron ya palabra de Dios.
  30. Pero esta misma descripción no se puede aplicar sin más a los textos de la Sagrada Escritura. Ensu fenomenología, los textos de la Escritura, por los datos que nos ofrece la misma Biblia, noson originariamente palabra de Dios. Los textos bíblicos parecen en principio respuesta delhombre a la revelación de Dios. Dios salva a su pueblo y revela la Ley, y los hombres laconsignan en unos libros; los Profetas hablan de parte de Dios y sus discípulos, o algunosescritores ponen el mensaje y la historia por escrito; en el caso de los libros poéticos ysapienciales es todavía más claro: la Escritura es «respuesta» a la revelación de Dios, «Dios nose ha limitado a dictar estas palabras [de la Escritura] sino que éstas han surgido como resultadode una historia dirigida por Él, como testimonio de esa historia». En el Nuevo Testamento, elproceso es muy semejante, y ningún texto se presenta como palabra de Dios que se expresa «hicet nunc» con las palabras del apóstol o el evangelista. Esto indica que la palabra de Dios de la revelación, in fieri, y la palabra de Dios de la Escritura en la Iglesia, in facto, podría decirse, no siguen el mismo camino para ser Palabra de Dios. Más adelante habrá que volver sobre este punto.
    • 4. CARACTER HISTORICO DE LA REVELACION: SE DESARROLLA EN LA HISTORIA, INCIDE EN ELLA, CULMINA EN LA ESCATOLOGIA.
    • La Revelación de Dios que se da en la historia y a través de la historia tal vez sea una de lascaracterísticas más importantes de la religión de Israel y de la religión cristiana. El Concilio loproclama en el n. 2 de Dei Verbum («las obras que Dios realiza en la historia de la salvación...»:opera in historia salutis a Deo patrata) y lo desarrolla con amplitud en los n. 3-4. La importancia de esta tesis la comprendemos mejor si se pone en contraste con los contrarios.
  31. Afirmar el carácter histórico de la revelación significa en primer lugar que la revelación no tienecarácter mítico. Los contenidos de la revelación no son una idea que se expresa a través de unanarración de acontecimientos. La revelación cristiana se funda en acontecimientos históricosque se expresan narrativamente, y que en consecuencia, vehiculan también unas ideas. Esverdad que la revelación manifiesta el actuar del único Dios y tiene, por tanto, una dimensión deuniversalidad, pero aquí el acontecimiento está antes que la idea. En segundo lugar, afirmar elcarácter histórico de la revelación cristiana es afirmar su carácter público y social, es, decir, noprivado. Se presenta a quien quiera verla. Finalmente, el carácter histórico apunta a un curso deacontecimientos con un inicio y un final que da sentido: no es una sucesión sino unaarticulación, una «oeconomia», según la expresión del Concilio. Bajo este aspecto, la revelación llegó a su plenitud en Cristo. La revelación escatológica será una revelación distinta, fundada en el ver.
  32. El carácter histórico de la revelación, a su vez, implica relaciones precisas entre la revelación yla historia, que podrían resumirse en las siguientes tesis:
  33. 1. La Historia es el lugar de la revelación. Como ha hecho notar Mircea Eliade al hablar de lareligiones primitivas, los pueblos politeístas atienden a la naturaleza como lugar de larevelación, las religiones de la India, China y Persia atienden a la sabiduría; frente a ellos, larevelación judeocristiana sitúa la revelación en la intervención de Dios en la historia. Es más, siatendemos a los datos que nos ofrece la revelación, Israel llegó a la noción de revelación deDios en la naturaleza a través de la revelación sobrenatural y no al revés.
    2. Hay una historia de la revelación. La revelación no sólo se da en la historia sino que hay unahistoria de la revelación. Esta historia no coincide con la historia universal, en consecuencia, lahistoria de los hombres no es revelación. Pero sí coincide con la historia del Israel bíblico queculmina en Jesucristo. Esto tiene, cuando menos, dos consecuencias.
  34. a. En primer lugar, significa que la historia sagrada no es únicamente un marco externo en elque se desarrolla la historia de la salvación, sino que forma parte de ella. Para comprender larevelación hay que entender la historia, porque la revelación debe entenderse también como historia.
    • b. Por otra parte, Cristo es el final de esa historia, lo que da sentido a todo lo demás: lasacciones de Dios en la historia tienen valor por sí mismas, en cuanto acciones responsables;pero al mismo tiempo su valor se relativiza en cuanto van dirigidas a comprender a Cristo.Cristo, la misma Palabra de Dios encarnada, es el único absoluto en la revelación.
    • 3. Finalmente, las relaciones entre la revelación y la historia, se vuelven a encontrar cuando afirmamos que la revelación de Dios es tan real, tan histórica, que cambia la historia de los hombres.
    • RECAPITULACION
    • Ya se ha advertido al comienzo del capítulo que no se iba a tratar de la Sagrada Escritura, sinode la revelación como marco general en el que podía entenderse la Sagrada Escritura. De lovisto, se derivan un conjunto de cuestiones muy importantes en lo que concierne a lacomprensión de la Biblia en la Iglesia. Las más importantes podrían resumirse así: a) al leer laSagrada Escritura, lo que comprendemos, antes que nada, son las acciones y las palabras deDios en la historia de los hombres, b) además del significado que los hechos puedan tener por símismo, tenemos por revelación el significado que le dieron las palabras de los que hablaron departe de Dios y que conservamos en los escritos sagrados, c) puesto que la revelación se da en lahistoria, real y verdadera, el significado de los hechos y de las palabras es el que tuvieron en elmomento de la historia en el que acontecieron, y d) puesto que Jesucristo es el final de la historia, todo lo revelado tiene una relación al mismo Jesucristo.
  35. De esta primera aproximación a la noción de Palabra de Dios, se puede concluir que, al decirque Dios habla a los hombres, aunque nos refiramos a una misma realidad, lo hacemos bajoaspectos diversos, aunque todos estén relacionados entre sí. Sólo se ha tratado hasta el momentode uno de los aspectos: la revelación con hechos y palabras en el marco de la historia de lasalvación. Quedan por tratar tres aspectos que podrán aclarar más el camino: la relación de estosacontecimientos históricos con Jesucristo, palabra de Dios encarnada en la historia, la relaciónentre los libros y esta historia que culmina en Jesucristo y la relación de Jesucristo y los libroscon la Iglesia. Al final, se entenderá, con claridad, espero, por qué la Biblia es Palabra de Diosen la Iglesia.
Author
salem
ID
316965
Card Set
tema 4 II. HACIA LA MANIFESTACIO ESCRITA DE LA PALABRA DE DIOS
Description
4th topic of the introduction of the sacred scriptures
Updated